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Lasaña de seitán con tomate, champiñones y gratinada con bechamel de cebolla

Lasaña con bechamel


Como estos días estoy experimentando con el gluten de trigo para hacer seitán y similares, una de las veces me salió algo parecido al chorizo criollo típico de Asturias, que es blanco y con bastante pimienta (muy similar a este seitán exprés). Entonces reservé unos trozos para hacer salsa boloñesa vegana con la que rellenar o canelones o lasaña y elegí lasaña más que nada por la comodidad que supone poner las placas en pisos sin enrollar nada y porque este tipo de platos es uno de mis favoritos, tanto por la pasta al dente, el relleno con salsa de tomate y, para rematar la faena, toda esa bechamel gratinada por encima, mmmmmmmmmm!!! Es que es un plato redondo! 

Y veganizado queda perfecto, tanto con la cebolla frita seca dándole el punto al gratinado, como la bechamel de cebolla. ¿Y por qué con cebolla? Pues porque la única leche vegetal que tenía en casa en ese momento era de soja y para según qué platos va bien o incluso mejor, como las veganesas, pero para otros, como esta lasaña, no quería ese sabor a legumbre y a veces dulce que aporta. La cebolla pochada lo neutraliza y el resultado es una bechamel exquisita, cremosa y muy fina.


Ingredientes: 4 raciones

200 gr de seitán
1 cebolla grande (reservaremos una cuarta parte para la bechamel)
2 zanahorias
4 champiñones grandes
1 lata de tomate triturado (400 ml)
1 cucharada de vino blanco
1 cucharada de mejorana
2 cucharadas de aceite de oliva
20 placas cuadradas de pasta para canelones
2 cucharadas de aceite de oliva suave
1 vaso de leche de soja (unos 200 ml)
1 vaso de agua
2 cucharadas de harina (yo utilicé de trigo, pero puede ser cualquiera)
Pimienta negra
Nuez moscada
Cebolla frita seca (para espolvorear encima de la bechamel, la típica de Ikea que ya comercializan otras marcas)


Preparación: 
  • Picamos el seitán en trocitos pequeños y lo salteamos con aceite caliente (1 cucharada) hasta que algunos queden doraditos. 
  • Añadimos 3/4 de la cebolla, muy picada, otra cucharada de aceite y rehogamos con el seitán. 
  • Echamos el tomate triturado y mientras se calienta vamos lavando y picando los champiñones. Me gusta que los champiñones se hagan en la propia salsa porque da un sabor más rico al conjunto al no evaporarse su agua y sí dejarla en la salsa. Pero si preferís los podéis saltear con el seitán y la cebolla antes de añadirle el tomate. 
  • Con la picadora picamos muy finas las zanahorias y las añadimos a la salsa anterior. 
  • Rectificamos de sal. 
  • Echamos una cucharada de vino blanco y otra de mejorana (no es indispensable y se puede sustituir por orégano, por ejemplo). 
  • Tapamos parcialmente y dejamos la salsa cocinándose a fuego muy bajo durante una media hora como mínimo haciendo chup chup. Si vemos que se espesa mucho podemos añadirle un poquito de agua para aligerarla.
En ese tiempo vamos preparando la bechamel y cociendo la pasta.
  • Para la bechamel, en una cazuela pequeña calentamos 2 cucharadas de aceite de oliva. 
  • Picamos el 1/4 de cebolla que nos quedaba y la pochamos en ese aceite con una pizca de sal. 
  • Añadimos las 2 cucharadas de harina (no muy llenas) y rehogamos todo durante unos 3 minutos a fuego medio. 
  • Echamos la leche de soja y el agua poco a poco sin parar de remover. Como vamos a pasar la batidora para que la salsa quede fina y no encontrarnos los trozos de cebolla, no pasa nada si queda algún grumito. Si no tenéis batidora, el truco para que no se formen grumos es remover y remover. 
  • Batimos la bechamel, rectificamos de sal, echamos una pizca de pimienta y de nuez moscada (o no, o las especias que más os gusten) y dejamos cocer al mínimo unos 5 minutos sin parar de remover. 
Reservamos la bechamel, tapada para que no se seque demasiado la capa de arriba y comprobamos cómo va el relleno de seitán con tomate y verduritas.

  • En una cazuela amplia ponemos agua abundante a hervir, echamos un poquito de sal y cuando hierva bajamos el fuego a medio gas y vamos añadiendo las placas de pasta. 
  • Las cocemos un minuto menos del tiempo que indique el envase, unos 8-10 minutos suele ser. 
  • Las escurrimos y como vamos a montar la lasaña ya, no las pasamos por agua fría por varios motivos: por un lado porque aportarían más agua de la necesaria al conjunto y no ligarían bien las capas; y por otro porque así no se pierde el calor y absorberán un poquito de la humedad de la salsa, acabándose de cocer y quedando el resultado final mucho más redondeado. 

Antes de que se acabe de cocer la pasta, vamos preparando la fuente en la que montaremos la lasaña. 
  • Echamos un chorrito de aceite y lo repartimos bien por toda la superficie para evitar que la capa de abajo se quede pegada. 
  • Sacamos 4 placas con cuidado de no quemarnos y las colocamos. 
  • Echamos encima 4 cucharadas del relleno. 
  • Otras 4 placas y otras 4 cucharadas de relleno, así hasta que queden 4 pisos, con una última capa de pasta en la superficie. 
  • Vertemos la bechamel de cebolla y movemos un poco la fuente, un meneíllo, para que se cuele entre los huecos que hayan quedado, mezclándose en algunas zonas con el relleno. 
  • Espolvoreamos con la cebolla frita. 
  • Llevamos al horno a gratinar unos 8-10 minutos con calor por arriba. 

Lasaña recién sacada del horno


Cuando la lasaña esté gratinada dividimos en 4 porciones (o las que queráis) y como sugerencia de presentación servimos cada una en una cazuelita de barro, tal y como se ve en la siguiente foto.


Ración de lasaña servida en cazuelita de barro

¡Buen provecho y espero que la disfrutéis tanto como yo! 

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